Mi divertida experiencia follando a través de una webcam

Prometí que jamás iba a contar esta historia que viví con un servicio de chicas webcam, pero lo cierto es que fue tan especial que creo que merece la pena ser compartida.

En una ocasión conocí a una mujer muy interesante que me conquistó desde el momento en que la vi: era muy guapa, muy inteligente, y compartía muchas aficiones conmigo.

Tengo que reconocí que me enamoré; el primer día que nos conocimos fuimos a por un helado, y lo que más me llamó la atención es que a ella le encantaba el de menta con chocolate (sabor que odio). Sin embargo, fue precisamente esa diferencia la que hizo que me gustase más y más.

Salimos muchas veces pero no nos acostamos hasta que ya pasó un tiempo. Es verdad que experimentábamos una sensación de lo más especial, pero queríamos esperar hasta estar seguros de que merecía la pena.

En el momento en el que nos acostamos, ella me confesó que era adicta a una práctica que le ayuda a incrementar el placer: lo que hacía era poner la cámara a un servicio de gays, funcionando de manera bidireccional; es decir, que ellos nos veían a nosotros, y nosotros los veíamos a ellos.

La verdad es que no estaba en mi lista de fantasías el hecho de que dos tíos me mirasen mientras lo estaba haciendo… pero el hecho de que alabasen en todo momento mi culo era algo que hizo que se me pusiera todavía más dura si cabe. Además, eran unos deslenguados: pero esto, lejos de bajar la excitación, la incrementaba todavía más.

Me olvidé de todo, me dejé llevar y me acabé corriendo dentro.

Lástima que la relación no fuera a ninguna parte, porque el sexo era brutal.

 

 

Las cookies nos permiten ofrecer nuestros servicios. Al utilizar nuestros servicios, aceptas el uso que hacemos de las cookies. Más información.